Autor: Rafael Estrada Cano
Luego del FIFA Fan Festival del Mundial 2026, el deporte mundial como industria representa entre el 1.5 y el 2 por ciento del PIB global, con sus 2.3 billones de dólares de ingresos anuales, lo que se cuadriplicar en 2050 a 8.8 billones, según el World Economic Forum, gracias al turismo, la inversión y el deporte femenino.
Antes, la biodiversidad de modelos de negocio veían cómo adoptar por analogía las diversas técnicas de disciplina, entrenamiento, estrategia y trabajo en equipo del deporte. Hoy, el bioma de disciplinas deportivas profesionales, federadas u olímpicas comparte las mismas reglas de operación de un negocio: Control de gastos y presupuesto, estricta eficiencia financiera y gestión de talento; la fiscalización digital, la conservación de documentos y las restricciones comerciales, cuidando el uso de marcas registradas o frases protegidas en campañas de temporada, como las de eventos globales deportivos.
Una organización deportiva puede concentrar millones de personas alrededor de un acontecimiento sin determinar completamente qué pensarán o harán. Sin embargo, la capacidad recurrente de concentrar atención, emociones, identidad y consumo constituye una posición estructural de poder. El poder del deporte no reside en el tamaño de las masas que concentra, sino en la frecuencia con que consigue reconvocarlas: diariamente, semanalmente, por temporadas y mediante grandes ciclos globales. La repetición convierte la atención colectiva en un flujo permanente de energía, consumo e identidad.
ECONOMÍA DEPORTIVA
Las cuatro industrias core del deporte: el turismo deportivo, el deporte profesional y de élite, el deporte participativo, la actividad física y los bienes deportivos, facturaron casi 2.3 billones de dólares en 2025. Sus cinco industrias conectadas son: las retransmisiones en directo, la nutrición, el software tecnológico, los wearables (tecnología ponible), los servicios deportivos y el juego -videojuegos de temática deportiva y las apuestas- como principal fuente de ingresos con casi el 39 por ciento, facturando el mismo año más de 300 mil millones de dólares.
Las cuatro vías de explotación de la industria del deporte son: el turismo deportivo, que crece 28 por ciento más rápido que la media del turismo, en general, que es 22 por ciento; el deporte como un activo de inversión, con fondos soberanos y los mismos atletas como fuentes de financiación; la popularización del deporte femenino, donde el fútbol y el baloncesto suponen el 80 por ciento de sus ingresos, y la búsqueda del equilibrio entre el crecimiento deportivo y las economías emergentes.
Hace una década, el equipo deportivo más valioso del mundo valía cuatro veces menos -5 mil millones de dólares-; ahora, esa cifra ni siquiera alcanzaría el top 50 de los equipos que valen más de 353 mil millones de dólares o un promedio de 7 mil 100 millones de dólares cada uno, lo que supone un aumento del 22 por ciento respecto a 2024 y más del doble que hace tan sólo cuatro años.
DE BATTLE ROYALE Y LOS JUEGOS DEL HAMBRE AL DEPORTE
Esta trilogía de estructuras convierte el conflicto en competencia organizada, pero con finalidades y límites radicalmente distintos. El deporte civiliza el conflicto mediante el acuerdo, ya que los competidores tienen contacto físico porque previamente existe un entramado de consentimiento, reglas, categorías, árbitros, tiempos, sanciones y límites. Cuando termina el encuentro, termina legítimamente la confrontación. El adversario no tiene que convertirse en enemigo.
En los juegos del hambre, el Capitolio transforma la violencia en espectáculo reglamentado: selecciona participantes, construye una arena, establece reglas, introduce árbitros invisibles -los Vigilantes-, transmite el acontecimiento y crea héroes, favoritos, patrocinadores y audiencias. Formalmente, muchos de esos componentes también existen en el deporte: competidores + reglas + escenario + autoridad + espectadores + narrativa + resultado.
En Battle Royale ocurre diferente. La competencia es impuesta para destruir la cooperación. Cada participante tiene un incentivo individual para sobrevivir, pero la estructura convierte potencialmente a compañeros y amigos en adversarios. Esto llevado al extremo recuerda una tensión presente en el deporte: cooperación interna y competencia externa. Un equipo necesita confianza absoluta entre sus miembros precisamente para enfrentarse competitivamente a otro.
El deporte puede entenderse como una tecnología social para procesar el conflicto sin eliminar al contrario y destruir el ecosistema. Permite representar ciudades, naciones, religiones o identidades, y después restablecer la Convivencia, tal como la Tregua de Navidad de 1914 o recientemente la frase mundialista “las Malvinas son argentinas”.
CONCLUSIÓN BIOPOLÍTICA
Ahí Juegos Olímpicos, NFL, FIFA-UEFA-Premier League-LaLiga EA Sports-Bundesliga-Serie A, NBA-WNBA, MLB, UEFA, Fórmula 1, UFC-CMB, Indian Premier League, Formula 1, NHL, Grand Slams, dejan sólo de ser organizaciones deportivas y se convierten en nodos estructurales de enormes ecosistemas de flujos.
El deporte institucionalizado procesa nuevos flujos de dinero, poder, información, identidad, nacionalismo, tecnología, apuestas, publicidad, derechos audiovisuales, datos, movilidad humana, prestigio, consumo y emociones colectivas, capaces de generar conflictos propios.
Su función civilizatoria surge al confrontar sin eliminar al adversario y restablecer la convivencia después del resultado. Su contradicción aparece cuando los flujos económicos, políticos, identitarios o tecnológicos que genera, adquieren tal poder que erosionan los acuerdos y las reglas.
Si no, miremos al Senado de la República cabildeando en contra de la eliminación del ascenso y descenso en el fútbol mexicano.
P.D. ¿Quién tiene más poder: dueño, federación, cadena televisiva, patrocinador, jugador o aficionado que convierten todo lo anterior en negocio?
