Autor: Luis Rodríguez Contreras
El mezcal puede convertirse en motor económico si la Denominación de Origen se acompaña de organización, innovación y turismo.
El mezcal mexiquense se encuentra en un momento que puede marcar un antes y un después para las familias que durante generaciones se han dedicado a preservar esta tradición. La Denominación de Origen no debería ser la meta, sino el punto de partida para construir una industria capaz de generar empleo, atraer visitantes y competir fuera del estado.
Ahora se tiene que convertir ese reconocimiento en oportunidades para quienes se dedican a su elaboración. Productores, autoridades, universidades y especialistas necesitan unirse y trazar una misma ruta; es decir, profesionalizar procesos, facilitar la certificación, proteger el agave y abrir canales de comercialización que permitan que el valor de la bebida permanezca en las comunidades donde se produce.
En este sentido, el trabajo legislativo también es importante. El diputado del Partido Verde, Héctor García González, ha impulsado mesas de análisis para perfeccionar la propuesta de Ley del Mezcal, incorporando una visión más amplia que contempla no sólo la bebida, sino también la protección del agave, la participación de las mujeres productoras y el establecer un vínculo con el turismo.
La propuesta que se ha impulsado desde el Congreso mexiquense representa una oportunidad para avanzar hacia acciones concretas en beneficio de quienes están detrás de cada botella de mezcal, como lo son productores que requieren capacitación, certificación, financiamiento y mejores condiciones para colocar su producto en nuevos mercados. El trabajo legislativo puede convertirse así en una manera para fortalecer toda la cadena productiva del mezcal mexiquense.
Y aquí aparece otro elemento que toma relevancia: se trata de la participación del Gobierno del Estado de México. La reciente presencia de la secretaria de Desarrollo Económico, Laura González, al municipio de Tlatlaya, durante un foro dedicado al agave y al mezcal, es una muestra de que esta actividad comienza a mirarse como una actividad que puede impulsar el desarrollo económico de cientos de familias que mantienen la tradición.
El hecho de que una funcionaria estatal llegue hasta las comunidades productoras permite escuchar directamente a quienes conocen cada detalle de la actividad. Pero, sobre todo, abre la posibilidad de que el mezcal sea incorporado a una estrategia más amplia de empleo, turismo, comercialización y fortalecimiento.
El turismo representa otra oportunidad. La Ruta del Mezcal puede ayudar a crear una red entre comunidades productoras con gastronomía, cultura, naturaleza y hospedaje. Una visita puede convertirse en una experiencia completa y generar finalmente una derrama económica para la población de las comunidades involucradas.
También está la participación de las mujeres productoras, un sector que puede fortalecer la cadena de valor mediante capacitación, financiamiento y promoción. No se trata únicamente de reconocer su trabajo, sino de generar condiciones para que tengan mayor presencia en la comercialización y en las decisiones de una actividad con este tipo de potencial.
México ya demostró que el mezcal puede conquistar con su sabor e historia a diversos mercados internacionales. La oportunidad para el Estado de México consiste en construir una cadena de valor con identidad propia que permita posicionarse.
El diputado Héctor García ha puesto el tema en lo legislativo y la secretaria Laura González ha llevado el tema al ámbito económico, sumando esfuerzos que pueden traducirse en mayores oportunidades para los productores y en el fortalecimiento de toda la cadena productiva del mezcal mexiquense.
El mezcal tiene historia, territorio y manos que saben producirlo. Lo que necesita ahora es una visión que permita que esa tradición no sólo se mantenga, sino que se convierta en bienestar para las comunidades que la han mantenido viva.
