LA ILUSIÓN DEL LIBRE COMERCIO

by Editorial

Autor: Pedro Ferriz Híjar


Bastó una decisión de Donald Trump para recordarle al mundo una realidad que muchos preferían olvidar: los tratados comerciales no gobiernan la economía.
Los intereses nacionales, sí. La imposición de aranceles de hasta 50 por ciento a diversos productos canadienses no sólo golpeó a uno de los principales socios de Estados Unidos, también encendió una alerta para toda Norteamérica.


Durante años se nos dijo que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) era la garantía de una región económicamente estable, capaz de resistir cualquier cambio político.
Pero los tratados no eliminan los intereses nacionales, simplemente los ordenan… hasta que alguien decide cambiarlos. Y cuando quien toma esa decisión es la economía más poderosa del planeta, conviene dejar de asumir que todo seguirá igual.


Mientras Canadá tuvo que reaccionar a un nuevo escenario comercial, en México seguimos escuchando la misma narrativa: que somos el principal socio comercial de Estados Unidos, que el nearshoring resolverá buena parte de nuestros desafíos y que el T-MEC prácticamente garantiza nuestro futuro. Es un discurso cómodo. El problema es que la economía no distingue entre optimismo y realidad.


La competitividad no se hereda por geografía. Se construye todos los días. Se gana con infraestructura, productividad, innovación, certeza jurídica y la capacidad de adaptarse cuando el entorno cambia. Pensar que nuestra ubicación basta para conservar una posición privilegiada es una apuesta demasiado optimista para un mundo que cada vez cambia más rápido.


El mensaje de Washington no fue únicamente para Canadá. Fue para todos sus socios comerciales. Los acuerdos existen mientras beneficien a quienes los firman y, cuando cambian las prioridades, cambian también las condiciones. Así ha funcionado siempre el comercio internacional y no hay motivos para pensar que esta vez será diferente.

Quizá el mayor riesgo para México no sea un nuevo arancel.
Quizá sea la tranquilidad con la que seguimos convencidos de que nada va a cambiar.


Llevamos demasiado tiempo escuchando que todo marcha bien, que las inversiones llegarán por inercia y que el mercado estadounidense seguirá esperando nuestros productos bajo las mismas condiciones de siempre. La historia económica rara vez premia a quienes se conforman con el presente, premia a quienes entienden el siguiente movimiento antes que los demás.


Donald Trump no sólo cambió las condiciones para Canadá. También dejó una advertencia para quienes siguen creyendo que un tratado comercial garantiza el futuro. En los negocios, la confianza nunca sustituye a la estrategia.

Yo soy Pedro Ferriz Híjar.
Y recuerda… hagamos historia.

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