Tu peor enemigo financiero eres tú: los sesgos que sabotean tus inversiones

by Editorial

Autor: Alejandro Ramírez Paulin

Con base en mi experiencia en conversaciones que tengo con inversionistas, cuando el mercado cae, comienzan las llamadas, mensajes y preguntas acerca de qué hacer con el portafolio de inversión, y en muchas de las ocasiones la primera reacción es quiero vender todo en lo que pasa la mala racha de los mercados, ¿pero es esto es normal? La respuesta es sí, aunque lo anterior nos llevó muchos años darnos cuenta.

Durante décadas, la teoría financiera decía que los individuos éramos racionales, que los individuos analizábamos la información disponible, evaluamos riesgos y rendimientos, y elegimos la mejor opción. Pasaron décadas para que nos diéramos cuenta de que no era así. En ediciones anteriores mencioné a Richard Thaler, Premio Nobel de Economía en 2017, quien junto con Daniel Kahneman y Amos Tversky demostró que nuestras decisiones económicas están llenas de atajos mentales, emociones y errores sistemáticos, a lo que les llamaron sesgos conductuales. Sesgos que no son inherentes al inversionista novato, esto le ocurre a todos.

AVERSIÓN A LA PÉRDIDA: PERDER DUELE MÁS DE LO QUE GANAR ALEGRA

Kahneman y Tversky encontraron que el dolor de perder una cantidad es, aproximadamente, el doble de intenso que el placer de ganar esa misma cantidad. Hablando en pesos, perder mil pesos pesa más que la satisfacción de ganar mil.

Este sesgo explica mucho del comportamiento del inversionista mexicano. En la edición de junio compartí que casi 95 por ciento de los clientes de fondos de inversión en México está en fondos de deuda y apenas 5 por ciento en renta variable. Ser conservador no está mal cuando responde al horizonte y a los objetivos de cada persona.

El problema aparece cuando la decisión no nace del análisis, sino del miedo a ver una minusvalía temporal, ver en rojo un portafolio o tan solo un activo del portafolio hace que el cuerpo comience a sudar y empiecen las preguntas de estoy haciendo bien, mejor vendo y compro algo mejor, por qué lo invertí ahí y no en el activo que vi ayer que lleva un rendimiento alto en lo que va del año. Y podría escribir hojas y hojas con todos los sentimientos que le llegan a un inversionista cuando su portafolio no va bien.

Si tu horizonte es de 20 años, evitar la renta variable por temor a una caída de corto plazo puede costarte mucho más que la caída misma. La aversión a la pérdida también actúa al revés: nos lleva a conservar inversiones perdedoras “hasta que se recuperen”, porque vender significaría aceptar el error. Mientras tanto, vendemos rápido las que van ganando para asegurar la satisfacción.

EFECTO MANADA: SI TODOS LO HACEN, DEBE SER BUENA IDEA

Hace unos meses veía un video de un suceso en Brasil, el video muestra varios comensales en un restaurante con mesas sobre la banqueta, cuando de repente pasa un grupo de corredores, lo cual es tomado por algunos comensales como que eran personas que venían a robar ocasionando que el resto de las mesas e inclusive los meseros salieran corriendo sin saber que realmente pasaba. Es algo así lo que pasa con este efecto.

Cuando un activo se pone de moda, ya sea una criptomoneda, una acción que en la reunión del fin de semana tus amigos dijeron que les había ido muy bien, porque escucharon a un analista recomendarlo, o el terreno que promociona un conocido, sentimos la presión de no quedarnos fuera. En inglés hasta tiene nombre: FOMO, el miedo a perderse algo.

Las redes sociales, y los finfluencers han multiplicado este efecto. Hoy cualquiera puede presentarse como experto en inversiones y un video con miles de reproducciones parece más confiable que un prospecto regulado. El efecto manada nos hace comprar cuando los precios ya subieron y vender cuando ya cayeron: exactamente lo contrario de lo que deberíamos hacer. Como comenté en abril, la sobreinformación puede ser tan peligrosa como la desinformación.

EXCESO DE CONFIANZA: “YO SÉ LO QUE HAGO”

El tercer sesgo es más silencioso. Tendemos a sobreestimar nuestra capacidad para anticipar los mercados, elegir la acción ganadora, o saber cuándo entrar y salir. Si acertamos una vez, lo atribuimos a nuestro talento. Si fallamos, a la mala suerte.

El exceso de confianza suele traducirse en portafolios poco diversificados, operaciones demasiado frecuentes y costos innecesarios. Diversos estudios internacionales han documentado que el rendimiento que obtiene el inversionista promedio suele quedar por debajo del rendimiento de los mismos fondos en los que invierte. La diferencia no está en el producto. Está en el comportamiento: entrar tarde, salir temprano y moverse demasiado.

Este sesgo yo lo junto con el sesgo llamado efecto Ikea. Este concepto fue acuñado y demostrado formalmente, en 2011, por los investigadores Michael I. Norton, Daniel Mochon y el psicólogo conductual Dan Ariely en su artículo “El efecto IKEA: cuando el trabajo lleva al amor”. Búscalo en la red, es un artículo público, te invito a leerlo. Pero este efecto, lo que dicen sus autores, es que mucha gente tiende a valorar más lo que hacen con “sus propias manos” y evitan al especialista.

Si Norton, Morchon y Ariely hubieran sido mexicanos, le habrían puesto el efecto plomero. Cuántas veces en casa tenemos un problema y decimos: “No le llames al plomero, ¡yo lo hago!” (y ya sabemos cuál es el resultado en gran porcentaje de los casos).

Y en las inversiones pasa igual y más hoy en día, dado que la tecnología ha avanzado y que desde tu teléfono puedes hacer movimientos, comprar, vender acciones, etf´s, desde una forma empírica podría decir que los sesgos se han remarcado.

¿CÓMO PROTEGERNOS DE NOSOTROS MISMOS?

La buena noticia es que no se trata de eliminar las emociones, lo cual es imposible, sino de cómo vivir con ellos y cómo manejarlos. Acá mis recomendaciones en orden de importancia desde mi experiencia:

Busca siempre una opinión profesional. Un buen asesor financiero no sólo recomienda productos. También funciona como contrapeso frente a las decisiones impulsivas.

Pon tu plan por escrito. Antes de invertir, de la mano de tu asesor, define tu objetivo, ¡tu horizonte y el nivel de riesgo que estás dispuesto a asumir y lo más importante: no olvidarlo!

Revisa menos tu portafolio. Estás en todo tu derecho de revisar tus inversiones, hoy la tecnología nos permite ver en tiempo real las pérdidas y ganancias por segundo. Sin embargo, verlo todos los días amplifica la aversión a la pérdida. Si tu horizonte es de largo plazo, una revisión periódica y ordenada es suficiente.

Invertir no es únicamente una cuestión de números. Es también una cuestión de autoconocimiento. Antes de preguntarte en qué invertir, vale la pena preguntarte cómo reaccionas cuando las cosas no salen como esperabas. Reconocer nuestros sesgos no nos hace inmunes a ellos, pero sí nos da la oportunidad de detenernos antes de actuar.

Claude Tygier, un destacado operador de divisas (FX) y reconocido autor de libros sobre los mercados financieros globales, decía acerca del mercado de FX: no hay una forma absoluta de saber si el dólar subirá, bajará o se mantendrá estable. Bien podría hacer todas estas cosas. La única certeza es que se moverá. Pero al final no sólo es el mercado cambiario, todos los mercados seguirán subiendo y bajando, como siempre lo ha hecho desde que iniciaron. Lo que sí está en nuestras manos es la forma en que respondemos y nos comportamos frente a esas subidas y bajadas. Y ahí, muchas veces, el verdadero reto no está afuera, sino en nosotros mismos.

Acercarse a expertos es fundamental.

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