Autor: Claudia Quiroz Godínez
Durante décadas, en bienes raíces hemos repetido la misma frase: ubicación, ubicación, ubicación. Sigue siendo cierta, pero ya no basta para explicar por qué una propiedad está bien ubicada.
En una ciudad donde recorrer unos cuantos kilómetros toma 10 minutos o se convierte en un trayecto de casi una hora, la ubicación dejó de ser solamente un punto en el mapa. También debe medirse con reloj en mano.
De acuerdo con el TomTom Traffic Index 2025, recorrer 10 kilómetros en la Ciudad de México, en horas de mayor tráfico, toma entre 42 y 47 minutos. Y eso sin considerar lluvia, accidentes, obras o cierres inesperados.
Por eso, en zonas como Zona Esmeralda, Satélite, Naucalpan o Interlomas, una casa puede parecer cercana en Google Maps y sentirse muy lejana un lunes por la mañana.
Hace poco visité una propiedad con un cliente. Durante el recorrido comentó: “Está a 10 minutos de todo”. Y tenía razón. Ese día estaba a 10 minutos de todo. El detalle es que habíamos ido un domingo.
Cuando repetimos el trayecto entre semana, esos 10 minutos se convirtieron en 40. La propiedad seguía siendo la misma, pero después de vivirlo en un horario real, la percepción cambió por completo.
Esa visita confirmó algo que vemos constantemente en el trabajo inmobiliario: decir que una casa está “a cinco minutos” sirve de poco si no aclaramos a qué hora, qué día y bajo qué condiciones.
La distancia real no depende sólo de los kilómetros. También influyen los cuellos de botella, el número de accesos, la regularidad del tráfico y las opciones para entrar o salir.
La Encuesta Origen-Destino 2017, del INEGI, muestra que una parte importante de los traslados al trabajo en el Valle de México dura entre 31 minutos y dos horas.
Una persona que dedica dos horas diarias a trasladarse invierte unas 10 horas por semana. Considerando 240 días laborales, son cerca de 480 horas al año: 20 días completos dentro de un automóvil o del transporte público.
Si el recorrido aumenta a tres horas diarias, la cifra llega a 720 horas: 30 días. Un mes entero de vida dedicado a trasladarse.
Esto también cambia nuestra manera de entender la plusvalía. Una vivienda que reduzca el recorrido diario en 30 minutos puede devolver, aproximadamente, 120 horas al año: cinco días completos.
Cuando en una casa viven dos adultos con trayectos similares, ese ahorro puede significar más tiempo para la familia, el descanso o simplemente para llegar a casa sin sentir que el día se fue en el camino.
Por eso, además de calcular el precio por metro cuadrado, deberíamos preguntarnos cuánto tiempo permite recuperar una propiedad. Para saberlo, no basta con medir la distancia. Hay que revisar el tráfico en horas pico, identificar cuántas salidas tiene la zona y comprobar si las llamadas “rutas alternas” realmente funcionan.
También importa la regularidad. Una propiedad con un trayecto estable de 35 minutos puede resultar más conveniente que otra más cercana, pero cuyo recorrido toma 20 minutos un día y hora y media al siguiente.
Antes de comprar una casa, no deberíamos limitarnos a visitarla un domingo al mediodía. La verdadera prueba debería hacerse un martes a las ocho de la mañana, o un jueves a las seis y media de la tarde.
Es entonces cuando se descubre cuánto cuesta realmente salir de la zona y si la famosa ruta alterna es, en verdad, una alternativa.
Tal vez deberíamos dejar de preguntar únicamente cuántos metros tiene una propiedad y comenzar a preguntar cuántas horas puede devolvernos.
Porque el verdadero lujo no siempre consiste en tener una casa más grande.
También consiste en tener tiempo para disfrutarla.
