Autor: Maribel Pérez Reyes®
El sector asegurador representa el 2.4 por ciento del PIB en México, impulsado por más de 62,000 consultores autorizados”
La industria paga diariamente más de mil 200 millones de pesos en indemnizaciones, protegiendo la liquidez de las empresas”.
Un consultor de riesgos no representa un gasto adicional, sino una optimización del capital que evita la fuga de liquidez”
En el ecosistema corporativo actual, las decisiones de inversión y expansión suelen ocupar el centro de la mesa de la alta dirección. Sin embargo, existe un componente silencioso que determina la permanencia de un negocio: la gestión estratégica del riesgo. En este escenario, la figura del agente de seguros ha evolucionado hacia la de un consultor patrimonial indispensable.
La industria aseguradora en México representa, aproximadamente, el 2.4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), respaldada por una fuerza consultiva de más de 62,000 agentes autorizados que gestionan la protección de los activos del país. Lejos de ser un simple canal de venta, el asesor técnico es el puente que conecta la estabilidad de las empresas con la solidez de un sector que paga diariamente más de mil 200 millones de pesos en reclamaciones e indemnizaciones.
El impacto de contar con un consultor especializado se vuelve evidente al analizar el costo financiero de la improvisación. En el sector industrial y comercial, una mala estructuración de sumas aseguradas o la fijación de deducibles inadecuados derivan en pérdidas devastadoras tras un siniestro.
Un consultor de riesgos evalúa con rigor técnico la matriz de vulnerabilidades de la organización -desde la responsabilidad civil operativa hasta la interrupción de negocio- para diseñar soluciones a la medida. Este acompañamiento no representa un gasto adicional, sino una optimización del capital que evita la fuga de liquidez en momentos de incertidumbre financiera.
Para la alta dirección, la intervención de un asesor de riesgos aporta beneficios estratégicos que inciden de forma directa en los estados financieros. Por un lado, optimiza la asignación de capital al equilibrar la relación entre primas y deducibles, garantizando liquidez sin incurrir en desembolsos innecesarios.
Por otro lado, en situaciones de siniestro catastrófico, el consultor asume la defensa técnica de la corporación para acelerar la indemnización y minimizar los tiempos de inactividad. Finalmente, mediante una auditoría continua del patrimonio, asegura que la cobertura evolucione a la par del crecimiento de la empresa, previniendo los riesgos del infraseguro.
La resiliencia de una organización no se mide únicamente por su nivel de facturación, sino por su capacidad para resistir los embates del entorno. Integrar a un consultor de riesgos en la mesa directiva es una muestra clara de madurez empresarial.
Para garantizar este nivel de rigor técnico, la alta dirección debe validar que sus asesores cuenten con el registro oficial ante la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF) o apoyarse en el respaldo institucional de organismos como el Consejo Asegurador Mexicano para su referenciación.
En el contexto económico actual, adquirir una póliza sin la asesoría correcta es un riesgo innecesario. Hacerlo respaldado por el criterio de un experto acreditado es, sencillamente, una decisión de alta estrategia corporativa.
