Atraer inversión no es suficiente: el reto es lograr que se quede

by Editorial

Autor: Mtra. Marcela Martínez Pineda

Cuando una empresa decide invertir, pocas veces toma esa decisión pensando únicamente en el presente. Quienes hemos construido y dirigido empresas sabemos que detrás de cada nueva planta, oficina, centro de distribución o proyecto hay una pregunta mucho más importante que el monto de la inversión inicial: ¿podremos crecer aquí durante los próximos 10 o 20 años?


Esa es una pregunta que hoy deberíamos hacernos en el Estado de México. Por su ubicación, tamaño de mercado, infraestructura industrial y cercanía con el principal centro de consumo del país, nuestro estado tiene condiciones privilegiadas para atraer inversión. Sin embargo, competir por nuevas inversiones es apenas la primera parte del desafío. El verdadero indicador de éxito debería ser cuántas de esas empresas deciden reinvertir, ampliar operaciones, desarrollar proveedores y generar aquí empleos cada vez más especializados.


Porque una inversión que llega genera una buena noticia. Una empresa que decide quedarse y seguir creciendo genera desarrollo. Desde la perspectiva empresarial, las decisiones de largo plazo se construyen sobre algo fundamental: Certeza.


Certeza para invertir, para contratar, para transportar mercancías, sobre los tiempos de un trámite, certeza de contar con energía, agua, infraestructura y talento. Y, por supuesto, certeza de que nuestros colaboradores pueden trasladarse de manera segura entre sus hogares y centros de trabajo.


Estos factores pueden parecer independientes, pero para quien dirige una empresa forman parte de una misma ecuación.

He aprendido que una organización puede acostumbrarse a resolver problemas, los empresarios lo hacemos todos los días.
Lo que resulta mucho más difícil es construir planes de largo plazo cuando los obstáculos externos terminan convirtiéndose en parte permanente del costo de hacer negocios

. Por eso, hablar de competitividad no debería limitarse a ofrecer incentivos para atraer nuevas compañías. También significa escuchar a quienes ya apostaron por el Estado de México.


¿Qué necesitan para ampliar una planta? ¿Qué les impide contratar a otras cien personas? ¿Por qué un proveedor local no logra incorporarse a su cadena de suministro? ¿Cuánto tiempo y recursos destinan las empresas a resolver cuestiones que podrían simplificarse mediante mejores procesos públicos?


Las respuestas a esas preguntas pueden decirnos mucho más sobre nuestra competitividad que cualquier campaña de promoción. También tenemos una oportunidad extraordinaria en el desarrollo de talento. El Estado de México cuenta con universidades, instituciones tecnológicas, jóvenes profesionistas y una enorme fuerza laboral. Pero necesitamos fortalecer el vínculo entre las capacidades que desarrollamos y las que están demandando las empresas.


Automatización, inteligencia artificial, logística avanzada, análisis de datos y nuevas tecnologías de manufactura están transformando rápidamente el mundo del trabajo. Preparar a nuestra gente para esa transformación no es solamente una política educativa: es una estrategia económica.


Como empresaria, estoy convencida de que el crecimiento económico adquiere otra dimensión cuando abre oportunidades para más personas. Incorporar más mujeres al mercado laboral, facilitar su desarrollo profesional y permitir que lleguen a posiciones de decisión no debería entenderse únicamente como una cuestión de equidad. También significa ampliar el talento disponible para nuestras empresas y fortalecer nuestra capacidad productiva.


El Estado de México tiene una ventaja difícil de replicar: aquí conviven industria, logística, servicios, comercio, universidades y uno de los mercados de consumo más importantes del país. Tenemos todos los elementos para convertirnos no solamente en un lugar atractivo para invertir, sino en uno de los mejores lugares de México para hacer crecer una empresa.


Para conseguirlo necesitamos una visión compartida.

Gobierno, empresarios, universidades y sociedad debemos entender que cada empresa que decide ampliar operaciones representa empleos, proveedores, conocimiento y oportunidades que permanecen en nuestras comunidades.


Por eso, quizá ha llegado el momento de cambiar la pregunta; En lugar de preguntarnos solamente cuánta inversión logramos atraer, preguntémonos también: ¿cuántas empresas que confiaron en el Estado de México volverían a elegirnos para realizar su próxima inversión? La respuesta a esa pregunta puede convertirse en la verdadera medida de nuestra competitividad.


El reto, entonces, no es únicamente pensar en la próxima inversión que llegue, sino en las condiciones que estamos construyendo para los próximos años. Si somos capaces de escuchar a quienes ya producen, generan empleo y han apostado por nuestro estado, y de convertir sus necesidades en una agenda común de largo plazo, el Estado de México podrá transformar sus ventajas naturales en una competitividad duradera. Porque al final, el mejor lugar para invertir no es solamente aquel que abre la puerta a una empresa, sino aquel que le da razones para quedarse, crecer y volver a apostar por él.

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