México pasó el último año escuchando promesas económicas gigantescas. Crecimiento histórico. Expansión industrial. Nuevas inversiones. Un futuro prácticamente asegurado. Por momentos, la conversación económica parecía menos un análisis financiero y más una lectura del tarot.
Y mientras las expectativas seguían creciendo, la realidad comenzó a desacelerarse. México cerró 2025 con un crecimiento económico de apenas 0.7 por ciento, de acuerdo con cifras del INEGI, mientras que el Banco de México volvió a ajustar a la baja sus proyecciones para 2026. Sectores como manufactura, construcción y consumo empezaron a perder velocidad, justo cuando más se hablaba del supuesto “gran momento” económico del país.
La contradicción es imposible de ignorar. Porque durante meses muchos expertos aseguraban que México entraría en una etapa de aceleración histórica. Que la inversión extranjera detonaría crecimiento inmediato. Que el nuevo orden económico mundial prácticamente pondría al país en piloto automático hacia la expansión. Pero el escenario comenzó a contar otra historia.
Hoy, el mercado opera con más cautela. Las empresas observan más antes de invertir. Los proyectos toman más tiempo en ejecutarse y el entorno empresarial empieza a moverse entre expectativa e incertidumbre.
Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿quién estaba leyendo realmente el futuro económico del país? Porque si algo dejó este último año es una sensación extraña: demasiadas certezas para una economía que claramente todavía no encuentra estabilidad en su velocidad de crecimiento.
Mientras tanto, las redes sociales se han llenado de versiones, rumores y debates sobre un supuesto desfavorecimiento al sector privado, y hacia quienes son críticos o contrarios al partido dominante. ¿Mitos o realidades? Lo cierto es que cada vez más voces hablan de empresas frenando operaciones, de huelgas derivadas del desempleo, de negocios en quiebra y hasta de posibles persecuciones que muchos consideran injustas.
Lo mediático pone su atención justamente ahí: en las promesas no cumplidas y en una narrativa económica que para muchos ya no coincide con lo que ocurre en las calles, en las empresas y en los mercados.
Lo más interesante es que, incluso en medio de esta desaceleración, siguen apareciendo empresarios dispuestos a acelerar. Nuevas líneas de negocio, nuevas inversiones y nuevos jugadores que entienden algo fundamental: en escenarios inciertos también nacen oportunidades.
Porque como dirían las señoras sabias de este país: a río revuelto, ganancia de pescadores.
Y justo en medio de esta incertidumbre, comienzan a abrirse nuevas líneas económicas, nuevas oportunidades y nuevos jugadores que entienden que las crisis también reacomodan el poder, el dinero y el futuro del país.
Las nuevas rutas económicas de México apenas empiezan a dibujarse. Y créanme, las estaré mencionando, analizando y cuestionando en todas mis plataformas. Porque mientras unos siguen vendiendo promesas, otros ya comenzaron a mover las piezas.
Yo soy Pedro Ferriz Híjar. Hagamos historia.
