La producción de trucha en el Estado de México enfrenta una caída de hasta 50% en algunas granjas, debido al aumento en el precio del alimento, la reducción de apoyos y la competencia de entidades como Puebla y Michoacán.
Vía: El Sol de Toluca
Durante décadas, la producción de trucha arcoíris en el Estado de México representó una actividad rentable para cientos de familias. Sin embargo, el incremento de los costos, la reducción de apoyos y una mayor competencia proveniente de otros estados han puesto en jaque a los productores mexiquenses.
En Zinacantepec, particularmente en comunidades cercanas al Nevado de Toluca, productores han visto disminuir considerablemente sus volúmenes de producción. Es el caso de Óscar de la Cruz Malaquías, quien desde hace cuatro décadas participa junto con sus hermanos en la operación de una granja acuícola ubicada en el ejido de Loma Alta.
El productor señala que en los últimos 10 años su producción se redujo entre 40 y 50%. Mientras anteriormente podía obtener alrededor de 10 toneladas de trucha al año, actualmente alcanza entre cinco y seis toneladas.
“La producción de trucha solo nos alcanza para sobrevivir”, comparte el productor.
El alimento, uno de los principales retos
Uno de los mayores obstáculos para las granjas de trucha en el Edoméx es el precio del alimento. De acuerdo con De la Cruz Malaquías, una tonelada puede representar un desembolso de alrededor de 30 mil pesos, aunque su duración depende de la cantidad y edad de los peces.
En el caso de los ejemplares adultos, esa cantidad puede consumirse en apenas tres días, mientras que para peces pequeños puede durar aproximadamente una semana.
Este incremento en los costos ha reducido los márgenes de ganancia de los productores y, en algunos casos, ha provocado el cierre de unidades acuícolas.
Según datos del sector, hasta diciembre de 2022 el Estado de México contabilizaba 508 centros acuícolas dedicados a especies como trucha arcoíris. Sin embargo, productores señalan que actualmente permanece menos de la mitad de las granjas que operaban hace una década.
En años recientes, la producción estatal se ha ubicado alrededor de las seis mil toneladas anuales.
Menos apoyos y mayor competencia
Los productores también identifican una disminución de los apoyos gubernamentales como uno de los factores que han complicado la actividad.
De acuerdo con Óscar de la Cruz, desde aproximadamente 2016 los apoyos federales y estatales dirigidos al sector acuícola comenzaron a reducirse, situación que dejó a diversos productores con mayores dificultades para cubrir sus costos de operación.
En contraste, entidades vecinas como Puebla y Michoacán han ganado presencia en el mercado de la trucha.
El productor recuerda que, desde mediados de la década pasada, trucheros de esos estados comenzaron a comercializar sus productos en destinos turísticos mexiquenses como Malinalco y La Marquesa, con precios inferiores a los que podían ofrecer las granjas locales.
Actualmente, mientras los productores mexiquenses comercializan el kilogramo de trucha en alrededor de 200 pesos, ejemplares provenientes de otros estados pueden encontrarse hasta en 170 pesos.
Para los acuicultores del Edoméx, esta diferencia dificulta competir en precio, particularmente cuando los costos de alimentación y operación continúan al alza.
El consumo también ha cambiado
A los retos productivos se suma una transformación en los hábitos de consumo.
Tradicionalmente, la Semana Santa representaba una de las temporadas más importantes para la venta de pescado. Sin embargo, el productor señala que esta costumbre ha perdido fuerza y que las familias ya no concentran su consumo de pescado durante este periodo como ocurría anteriormente.
Para los productores, esto significa una menor demanda precisamente en una época que históricamente representaba una oportunidad para incrementar sus ventas.
Producir una trucha requiere más de un año
Detrás de cada ejemplar que llega a la mesa existe un proceso que puede extenderse durante aproximadamente 12 meses.
La reproducción comienza con la revisión periódica de los ejemplares destinados a convertirse en reproductores. Los machos y hembras son inspeccionados para determinar si se encuentran en condiciones adecuadas para iniciar el proceso.
Los peces reproductores pueden alcanzar entre seis y siete kilogramos y tener de tres a cinco años de edad. La temporada de reproducción se desarrolla principalmente entre agosto y marzo, cuando las bajas temperaturas favorecen el ciclo reproductivo.
Una vez que los peces están preparados, se extraen los huevos y los espermatozoides para realizar la fertilización. Aproximadamente 28 días después nace el alevín, es decir, la primera etapa de desarrollo del pez.
Los ejemplares permanecen en estanques pequeños durante varios meses hasta alcanzar una etapa juvenil. Alrededor de los seis meses son trasladados a estanques de mayor tamaño, donde comienza el proceso de alimentación y crecimiento.
La comercialización llega aproximadamente un año después del nacimiento.
Por ello, producir trucha implica mantener una operación permanente y asumir costos durante meses antes de obtener ingresos por la venta.
El agua, un factor clave para la producción
La ubicación de las granjas mexiquenses también juega un papel fundamental.
Las truchas arcoíris requieren agua limpia y temperaturas inferiores a los 16 grados Celsius para desarrollarse adecuadamente. Estas condiciones hacen de las zonas montañosas cercanas al Nevado de Toluca espacios propicios para la actividad.
En Loma Alta, la temperatura y disponibilidad de agua favorecen la producción. Sin embargo, el recurso también representa uno de los principales indicadores para los productores.
Una alteración en la calidad del agua puede afectar directamente a los peces, que son particularmente sensibles a la contaminación.
De acuerdo con De la Cruz Malaquías, mantener el agua limpia es indispensable para reducir la mortalidad y garantizar las condiciones necesarias para el crecimiento de los ejemplares.
Una actividad que resiste pese a la baja rentabilidad
La producción de trucha en Zinacantepec representa para Óscar de la Cruz y su familia una actividad que ha sobrevivido durante cuatro décadas.
No obstante, las condiciones económicas actuales han obligado a complementar los ingresos de la granja con otras actividades laborales.
El productor reconoce que el negocio dejó de ofrecer la rentabilidad que tenía años atrás, pero mantiene su compromiso con la actividad y se niega a cerrar la granja.
“La granja ya no nos da para llevar una vida, trabajamos en otras cosas porque solo de esto no le sacamos”, señala.
Para los productores, recuperar la actividad requiere una estrategia que considere el incremento de los costos, la competencia interestatal y el acceso a apoyos que permitan mejorar las condiciones de producción.
El reto de recuperar al sector acuícola mexiquense
Aunque el panorama es complicado, el Gobierno del Estado de México ha destinado recursos al sector. Entre 2024 y mayo de 2026, la administración estatal reportó una inversión de 69 millones de pesos para actividades acuícolas relacionadas con la producción de trucha, carpa, tilapia y rana toro.
Para los productores, sin embargo, el desafío consiste en que estos recursos se traduzcan en condiciones que permitan recuperar la competitividad de las granjas mexiquenses.
El llamado de quienes permanecen en esta actividad es a fortalecer los programas de apoyo, reducir las presiones sobre los costos de producción y generar condiciones que permitan a la trucha mexiquense competir nuevamente en el mercado.
Sin litoral, el Estado de México logró construir una tradición acuícola alrededor de sus zonas montañosas y cuerpos de agua. Hoy, esa actividad enfrenta uno de sus mayores desafíos: dejar de producir únicamente para sobrevivir y recuperar la rentabilidad que alguna vez convirtió a la trucha en una oportunidad de desarrollo para las comunidades mexiquenses.
