Hay momentos en la vida que marcan generaciones enteras. Para muchos mexicanos, el Mundial de Fútbol de 1986 fue uno de ellos. En lo personal, representa uno de los recuerdos más vívidos de mi infancia: tenía apenas 11 años cuando México recibió, por segunda vez, la máxima fiesta del fútbol mundial, en un país muy distinto al que conocemos hoy.
Por: Milton Méndez, Director Editorial
Aquel Mundial llegó apenas unos meses después del devastador sismo de 1985, una tragedia que cambió para siempre el rostro de la Ciudad de México y que puso a prueba la fortaleza de millones de mexicanos. En medio de la reconstrucción, de la incertidumbre y de las heridas que aún permanecían abiertas, el balompié se convirtió en un punto de encuentro para una nación que necesitaba motivos para sonreír, creer y mirar hacia adelante.
Cuarenta años después, tengo la fortuna de vivir nuevamente un Mundial organizado en territorio nacional. Y ahora, el contexto es completamente distinto. Hoy, México es una nación más conectada, más urbana, y con mayores retos económicos y sociales, pero también con enormes oportunidades para proyectarse ante el mundo.
Para el Estado de México, la Copa Mundial 2026 representa mucho más que un evento deportivo: constituye una oportunidad histórica para consolidar inversiones, fortalecer la infraestructura, impulsar el turismo y detonar la actividad económica en sectores estratégicos como el comercio, la hotelería, el transporte, la gastronomía y los servicios.
Y es alentador ver cómo el espíritu mundialista comienza a permear en territorio mexiquense. Iniciativas como el “Mundialito Deportivo y Cultural FUT 2026 Atizapán”, impulsado por la Fundación Lazos que Mueven, son ejemplo de cómo el deporte puede convertirse en una herramienta para fortalecer valores, promover la convivencia y acercar a niñas, niños y jóvenes a una experiencia que trasciende la competencia.
Porque, al final, el verdadero legado de un Mundial no se mide únicamente en cifras económicas. También se construye a través de las historias que inspira, de las oportunidades que genera y de las nuevas generaciones que encuentran motivos para soñar.
La pelota está por volver a rodar. Y con ella llegan nuevas posibilidades para el Estado de México. Dependerá de nosotros aprovecharlas, trabajar en equipo y construir un legado que permanezca mucho después del silbatazo final.
¡El Estado de México está listo para el futuro!
