El país inicia la ruta hacia la presidencia de APEC con una ambición histórica: convertirse en el puente económico que conecte a Asia, América y Oceanía en la nueva era del comercio global.
Lo que ocurrió recientemente en la Ciudad de México con la celebración del ABAC II 2026 pertenece a la segunda categoría.
Mientras gran parte de la conversación pública sigue atrapada entre la coyuntura política y la volatilidad financiera global, México acaba de activar uno de los movimientos estratégicos más importantes de las últimas décadas: la cuenta regresiva hacia 2028, año en el que asumirá la presidencia de la APEC, el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico.
No se trata únicamente de organizar una cumbre internacional. Lo que está en juego es mucho más profundo: definir si México será solamente una plataforma manufacturera de bajo costo o si finalmente logrará consolidarse como el gran nodo logístico y comercial entre cuatro continentes.
EL NUEVO TABLERO ECONÓMICO MUNDIAL
Durante años, el comercio internacional giró alrededor de una lógica relativamente estable: producir en Asia, consumir en Occidente y mover mercancías a máxima velocidad. Pero la pandemia, las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China, las guerras comerciales y la fragmentación tecnológica alteraron por completo esa arquitectura.
Hoy, las empresas globales buscan proximidad, estabilidad y socios confiables.
Es en este punto es donde México debe de aprovechar, pues la APEC reúne a 21 economías que representan cerca del 60% del PIB mundial y prácticamente la mitad del comercio global. Dentro de este bloque conviven las mayores potencias económicas del planeta: Estados Unidos, China, Japón, Corea del Sur, Canadá, Australia y varias de las economías más dinámicas del sudeste asiático.
Pero lo verdaderamente singular del mo delo APEC es que el sector privado no observa desde la tribuna, sino que a través del Consejo Asesor Empresarial de APEC (ABAC), los líderes corporativos dialogan cara a cara con jefes de Estado y ministros para construir soluciones reales a las barreras que frenan la inversión, la innovación y el comercio.
Y es ahí donde México comienza a mover sus piezas.
EL PAÍS QUE CONECTA DOS MUNDOS
México posee una ventaja que pocos países pueden ofrecer simultáneamente.
Por un lado, tiene acceso privilegiado al mercado más poderoso del planeta gracias al T-MEC y su integración con Estados Unidos y Canadá. Por otro, mantiene una ubicación estratégica frente al Pacífico que lo convierte en una puerta natural para Asia.
En otras palabras: mientras el mundo busca relocalizar cadenas productivas mediante el nearshoring, México tiene la posibilidad de transformarse en el gran puente entre América del Norte, América del Sur, Asia y Oceanía.
La presidencia de APEC en 2028 podría acelerar esa transición.
No es casualidad que la conversación dentro del ABAC II 2026 se haya centrado en temas como interoperabilidad digital, inteligencia de mercados, sostenibilidad productiva y modernización logística. El objetivo es claro: convertir la ubicación geográfica en una ventaja económica tangible. Porque la geografía por sí sola ya no basta.
EL RETO DE PASAR DEL POTENCIAL A LA EJECUCIÓN
México lleva décadas escuchando que tiene “una posición privilegiada”. Sin embargo, la historia reciente también demuestra que las oportunidades geográficas pueden desperdiciarse cuando no existe infraestructura suficiente, certidumbre regulatoria o capital humano preparado.
Ahí reside el verdadero desafío rumbo a 2028.
El país necesita puertos más eficientes, procesos aduaneros más ágiles, corredores logísticos inteligentes y una digitalización profunda de sus pequeñas y medianas empresas.
La nueva economía global ya no pre mia únicamente la mano de obra barata; premia velocidad, conectividad y capacidad tecnológica.
Durante el encuentro en Ciudad de México, una de las voces más relevantes fue la de Francisco Suárez Hernández, Director de Asuntos Públicos y Relaciones Estratégicas de FEMSA y miembro del Consejo Asesor Empresarial de APEC (ABAC), quien planteó una visión que resume el momento histórico que enfrenta el país: México debe pensarse como un “verdadero nodo económico entre cuatro continentes”.
La frase no es menor, pues implica abandonar la narrativa tradicional de dependencia y comenzar a construir una identidad económica basada en liderazgo logístico, integración regional e innovación comercial.
LA NUEVA DIPLOMACIA
A diferencia de las viejas cumbres comerciales enfocadas únicamente en aranceles y tratados, la agenda rumbo a 2028 refleja las prioridades de la economía moderna.
Uno de los ejes centrales será la interoperabilidad digital. Esto significa facilitar que datos, plataformas de comercio electrónico, servicios financieros y operaciones tecnológicas puedan fluir entre países sin obstáculos innecesarios.
Otro punto estratégico es la inteligencia de mercado. Las empresas mexicanas necesitan información precisa para identificar dónde invertir, qué sectores crecerán en Asia y cómo integrarse a las nuevas cadenas globales de valor.
Y quizá el tema más decisivo sea la sostenibilidad.
Hoy, los grandes fondos internacionales no solo analizan rentabilidad; también evalúan impacto ambiental, eficiencia energética e inclusión productiva. La economía verde dejó de ser discurso corporativo para convertirse en condición de competitividad global.
MÉXICO LO SABE.
Por eso la narrativa hacia APEC 2028 incorpora conceptos como crecimiento inclusivo, digitalización de PyMEs y fortalecimiento del emprendimiento femenino y juvenil.
LA OPORTUNIDAD DE REDEFINIR EL PAPEL DE MÉXICO
El desafío de México no es menor. El país compite en un entorno donde Vietnam, India, Indonesia y otras economías emergentes también buscan atraer inversión global. Pero México posee una combinación difícil de replicar: cercanía con Estados Unidos, tratados comerciales, capacidad manufacturera, recursos energéticos y acceso natural al Pacífico.
La presidencia de APEC puede convertirse en el catalizador que transforme esas ventajas dispersas en una estrategia nacional coherente. Porque, al final, el verdadero debate no es si México tiene potencial. Eso el mundo lo sabe desde hace años.
