México se encamina a una inflación cercana al 5% en 2026, pero el verdadero riesgo está en alimentos y energéticos, donde los presiones siguen creciendo.
Por: Edmar Ariel Lezama | *El autor es catedrático de la Facultad de la UNAM.
La inflación en México parece bajo control, pero esa estabilidad podría ser más frágil de lo que sugieren las cifras. Detrás de un posible cierre cercano al 5% en 2026, se acumulan presiones que no solo amenazan con elevar los precios, sino con golpear directamente el consumo básico de millones de hogares.
Para entender el presente, hay que mirar atrás. La autonomía del Banco de México, establecida en 1994, marcó un antes y un después en la historia inflacionaria del país. Antes de ello, México vivió episodios extremos: en la década de los ochenta, la inflación llegó a niveles cercanos al 180% anual, lo que implicaba aumentos mensuales de alrededor del 15%. Era una economía donde los precios se desbordaban y el poder adquisitivo se erosionaba con rapidez.
A partir de entonces, el país logró construir una etapa de estabilidad. Entre 2000 y 2025, la inflación promedió cerca de 4%, con picos importantes como los de 2021 y 2022, cuando superó el 7%. Hoy, los datos de 2026 muestran incrementos mensuales moderados -0.38% en enero, 0.50% en febrero y 0.86% en marzo- que suman 1.75% en el primer trimestre. La proyección anual, en ese sentido, parece manejable.
EL PROBLEMA NO ES CUÁNTO SUBE, SINO QUÉ SUBE
El punto crítico no es el nivel general de la inflación, sino su composición. Si el aumento proviene de la inflación no subyacente -es decir, alimentos y energéticos- el impacto es mucho más profundo, porque afecta directamente el gasto cotidiano.
Y ahí es donde se concentran los riesgos. En el plano interno, el cambio climático ya está alterando ciclos agrícolas, reduciendo cosechas y encareciendo productos básicos. A esto se suma la inseguridad en diversas regiones, donde los costos adicionales para producir y transportar mercancías terminan trasladándose al consumidor final.
En el ámbito internacional, la presión tampoco cede. Los conflictos geopolíticos han elevado los precios del petróleo, acercando el barril a los 100 dólares. Esto encarece la gasolina y, con ello, toda la cadena logística. Además, México depende en gran medida de importaciones alimentarias: en 2025, el 86% de los granos básicos provinieron de Estados Unidos, lo que amplifica cualquier choque externo.
UNA INFLACIÓN CONTENIDA… POR AHORA
Con este panorama, una inflación de 5% en 2026 podría resultar optimista. La temporada de huracanes, la efectividad de la estrategia de seguridad y la volatilidad global serán determinantes en los próximos meses.
La estabilidad existe, pero no está garantizada. Y si algo ha demostrado la historia económica del país, es que cuando la inflación se descompone, sus efectos no son neutros: golpean con mayor fuerza a quienes menos margen tienen para absorber el alza en los precios.
