ROSALBA AZUCENA GIL MEJÍA
Magistrada de Circuito
Hablar del papel de las mujeres en México es reconocer una fuerza que sostiene, impulsa y transforma al país todos los días. Desde distintos espacios —el hogar, la empresa, el servicio público, el deporte o la ciencia— millones de mujeres trabajan, luchan y construyen un futuro mejor para sus familias y sus comunidades.
Desde mi investidura y labor diaria, que consiste en juzgar con perspectiva de género, perspectiva de adulto mayor e interés superior del menor, he aprendido a mirar más allá de los expedientes. Este ejercicio exige sensibilidad para comprender la realidad social que atraviesa nuestro país.
A partir de esa mirada, resulta evidente que México se mantiene gracias a la fuerza de sus mujeres, quienes día a día, desde su propia trinchera, luchan por ser mejores y por construir un futuro más digno para quienes dependen de ellas.
Un reconocimiento necesario
En marzo, mes en el que se conmemora la lucha y los derechos de las mujeres, como Magistrada Federal —pero sobre todo como mujer— siento la responsabilidad de emitir un reconocimiento público a quienes son, en muchos sentidos, el verdadero motor de nuestra nación.
La sociedad suele enfocarse en grandes logros y casos extraordinarios. Y está bien celebrarlos, porque inspiran y abren camino. Sin embargo, también es fundamental reconocer la base que sostiene a nuestra sociedad: las madres y amas de casa.
Su labor, muchas veces invisible y no remunerada, ha sido tradicionalmente dada por sentada. No obstante, gracias a sus cuidados, su guía, su sabiduría y su capacidad de administración del hogar, se construyen el presente y el futuro de México.
Mujeres que emprenden y transforman
Mi admiración también se dirige a las mujeres emprendedoras. Aquellas que, muchas veces con más incertidumbre que certezas, deciden tomar riesgos y construir proyectos propios.
Muchas de ellas comienzan en la informalidad por necesidad, pero con esfuerzo y determinación logran consolidar negocios que generan empleo, impulsan la economía y transforman vidas.
Igualmente dignas de reconocimiento son aquellas que han decidido ocupar espacios que, durante mucho tiempo, estuvieron reservados para los hombres. Un ejemplo claro son las operadoras de transporte público, mujeres que recorren diariamente nuestras calles rompiendo estereotipos y enfrentando desafíos, con un objetivo claro: llevar sustento a sus hogares.
Disciplina y perseverancia en el deporte
En el ámbito deportivo también encontramos historias de esfuerzo admirables. Mujeres que se levantan antes del amanecer para entrenar, que dedican horas interminables a perfeccionar su disciplina y que persiguen sus metas con determinación.
Su constancia, su sacrificio y su perseverancia no solo las acercan a sus objetivos personales, sino que también enaltecen y visibilizan el potencial del talento femenino.
Mujeres en la ciencia y el servicio público
Otro ámbito fundamental es el de la investigación y la ciencia. Las mujeres que dedican su vida a generar conocimiento enfrentan jornadas exigentes y grandes retos, pero su presencia es clave para construir una ciencia más diversa, más justa y más representativa de la sociedad.
De la misma forma, reconozco a las mujeres servidoras públicas que, desde distintos cargos y responsabilidades, trabajan todos los días para mejorar la vida de sus comunidades. Mujeres comprometidas con su vocación de servicio que, desde sus espacios de trabajo, aportan un granito de arena para construir un mejor país.
Una lucha cotidiana que impulsa al país
Cada una de estas mujeres —sin importar su oficio o profesión— enfrenta jornadas dobles o triples. Equilibran la crianza, el desarrollo personal, el trabajo profesional y el compromiso con su comunidad.
Por ello, este reconocimiento no es una concesión ni un gesto simbólico. Es un acto de justicia.
Porque cuando una mujer avanza, avanzan todas.
