La inflación en México cerró 2025 en 3.69% anual, dentro del rango objetivo de Banco de México, pero los analistas anticipan un repunte por encima de 4% en 2026 impulsado por nuevos impuestos especiales, aranceles restablecidos a alimentos básicos, mayores costos laborales y el efecto del Mundial de futbol. Este escenario implica un año de márgenes presionados para empresas y de pérdida de poder adquisitivo para los hogares, obligando a ajustar estrategias de precios, costos y financiamiento.
Inflación: del 3.69% a un nivel superior a 4%
La inflación general se desaceleró a 3.69% al cierre de 2025, acumulando seis meses dentro del rango de 3% +/- 1 punto porcentual que establece Banco de México. Sin embargo, diversos análisis coinciden en que esta fase de relativa estabilidad será temporal debido a choques fiscales y de costos que se materializan a partir de enero de 2026.
Casas de análisis como Banamex, Goldman Sachs y GBM prevén que la inflación general en 2026 se ubique alrededor de 4% o ligeramente por encima, es decir, por arriba de la meta puntual de 3% de Banxico. La inflación subyacente, que excluye energía y agropecuarios, también se mantendría por encima del objetivo, reflejando presiones persistentes en servicios y salarios.
Cuatro motores inflacionarios para 2026
El repunte inflacionario de 2026 descansa en cuatro pilares: aumentos al IEPS, eliminación de exenciones arancelarias a productos básicos, incrementos de costos laborales y un aumento temporal de la demanda asociado al Mundial.
- IEPS más alto en bienes sensibles
A partir de enero, se actualiza el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) en productos como refrescos, bebidas azucaradas, sueros, bebidas energéticas y tabaco, lo que se traduce en incrementos inmediatos de precios al consumidor. En el caso del tabaco, legisladores avalaron un aumento adicional del gravamen, encareciendo aún más cigarros y derivados. Estos bienes tienen un peso relevante en el gasto cotidiano de los hogares, por lo que su impacto se refleja rápidamente en la inflación no subyacente. - Regreso de aranceles a alimentos de la canasta básica
El gobierno federal eliminó la exención de aranceles que desde 2022 se aplicaba a importaciones de carnes de res y cerdo, leche y derivados, frijol, arroz, aceites vegetales y otros alimentos de la canasta básica. El decreto, publicado al cierre de 2025, responde al fin del esquema extraordinario del PACIC y a la decisión de priorizar la producción nacional, pero implica un aumento del costo de importación para una amplia gama de productos. Organismos como Comecarne anticipan que este cambio limitará el crecimiento del consumo de carne en 2026, al encarecer parte de la oferta disponible. - Presión por costos laborales y salario mínimo
El aumento de doble dígito del salario mínimo y el incremento de cargas sociales, incluidas mayores aportaciones a Afores, elevan los costos laborales de sectores intensivos en mano de obra como agro, construcción, comercio minorista y preparación de alimentos. Analistas señalan que este “generoso” ajuste al salario, aunque mejora poder adquisitivo de las bases, añade un riesgo al alza sobre la inflación, especialmente en servicios. Fondas, taquerías y pequeños establecimientos son particularmente sensibles, al tener poca capacidad para absorber el incremento sin trasladarlo a precios. - Mundial 2026 y choque de demanda
El Mundial de futbol, que tendrá partidos en territorio mexicano, se perfila como un factor adicional de presión sobre precios en sectores como hotelería, transporte, servicios turísticos y entretenimiento, por un aumento temporal de la demanda. Este tipo de eventos suele traducirse en tarifas más altas durante meses clave, amplificando las presiones inflacionarias ya presentes por impuestos y aranceles.
La respuesta de Banxico: tasas altas por más tiempo
En este contexto, Banco de México enfrenta una tarea más compleja para llevar la inflación de regreso al objetivo, por lo que se espera una trayectoria de tasas de interés más cautelosa. Proyecciones de instituciones financieras indican que el banco central podría realizar solo dos recortes en 2026, cerrando el año con una tasa de referencia cercana a 6.5%, todavía en terreno restrictivo.
Banxico ha ajustado al alza sus previsiones de inflación para el primer semestre de 2026, colocando el indicador general en torno a 3.5% en el primer trimestre y 3.2% en el segundo, frente a estimaciones previas ligeramente menores. Aun así, su escenario base contempla que, hacia el tercer trimestre, la inflación pueda converger más cerca del objetivo de 3%, aunque el mercado se mantiene escéptico y espera niveles cercanos o superiores a 4% al cierre del año.
La combinación de impuestos más altos, aranceles restablecidos y mayor costo laboral obliga al banco central a balancear el combate a la inflación con la necesidad de no frenar en exceso una economía que crecería apenas cerca de 1–1.3% en 2026. Ello apunta a un entorno prolongado de crédito caro para empresas y hogares.
Impacto para empresas: márgenes bajo presión
Para el sector empresarial, la nueva configuración de precios relativos implica un doble desafío: incremento de costos y demanda más cautelosa.
- Empresas de alimentos y bebidas
Productores, comercializadores y cadenas de retail que participan en categorías afectadas por IEPS y aranceles como refrescos, botanas, alimentos procesados, carne, lácteos, aceites, enfrentan un aumento directo en el costo de producción o adquisición de insumos. La capacidad de trasladar estos costos al consumidor dependerá del poder de marca y del grado de competencia; en segmentos de bajo ingreso, es previsible observar reducciones en volúmenes y cambios hacia presentaciones más pequeñas o marcas propias. - Negocios intensivos en mano de obra
Restaurantes, taquerías, servicios de comida rápida, comercio pequeño y empresas de construcción ven un incremento relevante en su estructura de costos laborales derivado del alza al salario mínimo y de mayores contribuciones sociales. Muchos de estos negocios operan con márgenes estrechos y poca formalización financiera, por lo que un traslado total de costos a precios puede no ser viable sin pérdida de clientela. Esto llevará a priorizar eficiencias operativas, digitalización de procesos y renegociación de contratos con proveedores. - Empresas orientadas al turismo y entretenimiento
Hoteles, aerolíneas, plataformas de alquiler temporal, organizadores de eventos y comercios en ciudades sede del Mundial tendrán un impulso de demanda, pero al costo de presiones adicionales sobre inflación local. Para estas empresas, 2026 representa una ventana para incrementar ingresos y mejorar rentabilidad, siempre que logren administrar adecuadamente la capacidad operativa y los precios sin deteriorar su reputación frente al consumidor.
En todos los casos, la gestión de inventarios, el diseño de estrategias de precios dinámicos y el uso de análisis de datos para entender elasticidades de demanda serán herramientas clave para navegar el entorno inflacionario.
Implicaciones para hogares y política económica
Del lado de los hogares, el encarecimiento de alimentos básicos, bebidas y servicios cotidianos golpea de manera desproporcionada a los segmentos de menor ingreso, que destinan una mayor proporción de su presupuesto a estos rubros. La “cuesta de enero” de 2026 se ve amplificada por la entrada en vigor de los nuevos IEPS y el fin de exenciones arancelarias, haciendo más costoso el consumo de refrescos, sueros, cigarros y varios productos de la canasta.
Organismos como el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) proyectan que la inflación general se mantenga cerca de 3.9% en 2026, enfatizando que todos los pronósticos privados se ubican por encima de las estimaciones oficiales de Banxico. Esto sugiere que la percepción del sector privado es de presiones inflacionarias persistentes, con riesgos al alza si se materializan nuevos choques externos o si el entorno político–comercial con Estados Unidos se deteriora durante la revisión del T-MEC.
Desde la política económica, el giro en aranceles y el retiro paulatino de apoyos como el PACIC responden al objetivo de fortalecer la producción nacional y reducir dependencia de importaciones baratas, especialmente de países sin tratado de libre comercio. No obstante, el costo de transición es un periodo de precios más altos para los consumidores, por lo que la efectividad del enfoque dependerá de la rapidez con que se logre ampliar la oferta interna y mejorar la productividad del sector agroalimentario.
El 2026 se perfila como un año de inflación por encima de la meta, con tasas de interés aún elevadas, márgenes empresariales presionados y una política económica que busca equilibrar el control de precios con el impulso a la producción nacional. Las decisiones de inversión, consumo y financiamiento de empresas y familias deberán incorporar este entorno como parte de su planeación de corto y mediano plazo
