El estrés laboral y el burnout se han consolidado como uno de los principales riesgos para la estabilidad de las organizaciones, con impactos directos en productividad, rotación y compromiso del talento.
Por: Redacción Mundo Ejecutivo Estado de México
En México, el 92 por ciento de los colaboradores reportó haber experimentado síntomas de burnout en el último año, de acuerdo con el estudio “Panorama del Bienestar en las Empresas 2026” de Wellhub, una cifra que incluso supera el promedio global.
El fenómeno no es homogéneo. Las mujeres presentan mayores niveles de afectación, con 84 por ciento reportando estrés laboral y 15 por ciento burnout frecuente, frente al 12 por ciento en hombres. Asimismo, las generaciones más jóvenes, como Gen Z y Millennials, así como mandos medios y perfiles especializados, concentran los niveles más altos de desgaste.
“El 52 por ciento de las áreas de Recursos Humanos nunca ha medido la satisfacción de sus beneficios. Eso significa que muchas decisiones se están tomando sin realmente escuchar al colaborador”, comparte Gerardo Granados, Head de Cultura Corporativa & RSE.
A nivel global, la caída en el compromiso laboral a 20 por ciento en 2025 ha generado pérdidas por hasta 10 billones de dólares en productividad, mientras que el estrés crónico representa un costo estimado de 40 mil millones de dólares anuales.
Ante este panorama, Edenred reunió a líderes de salud, seguros, capacitación y recursos humanos en el panel “Estrés laboral y burnout: su impacto en la rotación de personal”, donde se analizaron los efectos de este fenómeno y las acciones necesarias para enfrentarlo.
“Hoy el reto no es la falta de iniciativas, es la falta de coherencia. Los colaboradores no perciben que el bienestar sea una prioridad real dentro de las organizaciones, y eso genera una desconexión entre el discurso y la experiencia diaria”, señaló Ivonne Vargas, especialista en Recursos Humanos.
Uno de los principales consensos del panel fue que el burnout rara vez se detecta a tiempo. Sus efectos: desmotivación, bajo rendimiento, desconexión emocional y salidas inesperadas, suelen aparecer cuando el problema ya está avanzado, convirtiéndose en un factor estructural que impacta tanto en la salud de los colaboradores como en los resultados del negocio.
Desde el sector asegurador, el impacto ya es tangible. “Un caso de estrés crónico no atendido puede escalar a un problema de salud mayor y representar un costo significativo para la empresa. Hoy la data permite anticipar estos riesgos, pero muchas organizaciones aún toman decisiones de bienestar con base en la intuición”, explicó Christina Blockstrand, directora en Siniestros y Beneficios para Empleados de Interesse.
En paralelo, el cambio en las expectativas del talento está redefiniendo la competencia por capital humano. “Las empresas que no integren el bienestar dentro de su estrategia seguirán enfrentando retos en atracción y retención de talento”, apuntó Sharahí Zamudio, presidenta de AMAPRO.
El impacto del burnout también se refleja en la salud física. “El estrés sostenido puede derivar en enfermedades crónicas si no se detecta a tiempo. Intervenir de forma temprana no sólo mejora la salud del colaborador, también previene costos operativos mayores”, explicó Isaac Flores Zitle, especialista en Salud Ocupacional de Hospitales MAC.
A esto se suma un factor clave: el desarrollo profesional. La falta de reconocimiento y crecimiento acelera el desgaste laboral. “Cuando las empresas validan las habilidades de sus colaboradores, no sólo impulsan su desarrollo, también fortalecen su permanencia”, destacó Ana Paula Robles Sahagún, directora de Vinculación Institucional y Asuntos Públicos en Ceneval.
A pesar de que el 93 por ciento de los colaboradores considera el bienestar tan relevante como el salario, persiste una brecha en su implementación. El costo de reemplazar a un colaborador puede representar entre el 50 y el 200 por ciento de su salario anual, lo que refuerza la urgencia de abordar este fenómeno de forma estratégica.
