La transición energética ya dejó de ser una proyección a largo plazo para convertirse en una realidad que comienza a redefinir industrias completas.
Por: Redacción
Uno de los sectores que enfrenta una transformación profunda es el de las estaciones de servicio, que hoy tienen ante sí la posibilidad de evolucionar de simples puntos de abastecimiento de combustibles fósiles a verdaderos hubs energéticos capaces de impulsar la electromovilidad en México.
Así lo plantea el documento “Mejores prácticas para la implementación de infraestructura de recarga de vehículos eléctricos en estaciones de servicio”, elaborado por la Electro Movilidad Asociación (EMA), el cual detalla cómo las gasolineras pueden convertirse en piezas estratégicas dentro de la nueva cadena de valor energética y del transporte.
La guía parte de un hecho contundente: la electrificación del transporte avanza a gran velocidad en el mundo. De acuerdo con el documento, en 2025 uno de cada cuatro vehículos nuevos vendidos a nivel global corresponde a tecnologías electrificadas, impulsadas por menores costos, innovación tecnológica y una creciente demanda de los consumidores.
Países como Noruega ya registran ventas superiores al 96 por ciento de vehículos eléctricos, mientras que China -el mercado automotriz más grande del planeta- reporta que cerca de la mitad de sus ventas incorporan tecnologías electrificadas.
México tampoco es ajeno a esta tendencia. El parque vehicular electrificado en el país ya supera las 200,000 unidades y continúa creciendo conforme aumentan las opciones disponibles, disminuyen los costos y se consolidan incentivos relacionados con la transición energética. Frente a este panorama, las estaciones de servicio aparecen como uno de los actores con mayor potencial para acelerar el despliegue de infraestructura de recarga.
LA EVOLUCIÓN DEL MODELO DE NEGOCIO
El documento señala que la electromovilidad representa una evolución natural del negocio gasolinero. En los mercados donde la adopción de vehículos eléctricos es más avanzada, las estaciones han comenzado a depender menos del volumen de combustibles líquidos y más de la venta de energía, servicios y experiencias para el usuario.
La lógica de operación también cambia. Mientras el abastecimiento tradicional toma apenas algunos minutos, la recarga eléctrica implica tiempos de permanencia que pueden ir de 20 a 40 minutos, dependiendo de la potencia del cargador y las características del vehículo. Este tiempo adicional abre oportunidades para incrementar el consumo en tiendas de conveniencia, cafeterías, restaurantes y otros servicios complementarios.
De esta manera, el punto de venta deja de ser únicamente un espacio de suministro para convertirse en un lugar de experiencia y convivencia comercial. Bajo este modelo, la rentabilidad no depende exclusivamente de la energía vendida, sino de todo el ecosistema de servicios que rodea al usuario mientras espera la recarga de su automóvil.
En corredores carreteros, el potencial es aún mayor. La EMA sostiene que las estaciones de servicio están llamadas a convertirse en centros integrales de energía y servicios, gracias a su ubicación estratégica, infraestructura instalada y flujo constante de usuarios.
INFRAESTRUCTURA YA EXISTENTE: LA GRAN VENTAJA DE MÉXICO
Uno de los puntos más relevantes del documento es que México cuenta con una ventaja competitiva importante: una red de más de 13,000 estaciones de servicio distribuidas en todo el territorio nacional.
Esta infraestructura ya desplegada podría convertirse rápidamente en la columna vertebral de la recarga pública para vehículos eléctricos, tanto en ciudades como en carreteras, donde todavía existen limitaciones importantes de cobertura.
Además de la ubicación estratégica, las estaciones ofrecen algo fundamental para los consumidores: confianza. Son espacios conocidos, iluminados, accesibles y con servicios complementarios como sanitarios, alimentos y tiendas, elementos que reducen la ansiedad asociada a la autonomía de los vehículos eléctricos.
La guía destaca que uno de los principales retos para lograr la adopción masiva de la electromovilidad es garantizar que los usuarios puedan realizar los mismos trayectos que actualmente hacen con vehículos de combustión. Por ello, la existencia de corredores de recarga confiables será decisiva para acelerar la transición.
LA NUEVA COMPETENCIA: VELOCIDAD, DISPONIBILIDAD Y EXPERIENCIA
A diferencia de los combustibles fósiles, donde la competencia suele centrarse en el precio, en la recarga eléctrica el valor agregado estará en la experiencia del usuario.
La disponibilidad de los cargadores, la velocidad de recarga y la confiabilidad del sistema serán factores determinantes para el éxito de las estaciones. El documento recomienda mantener un nivel mínimo de disponibilidad del servicio superior al 97 por ciento, alineado con estándares internacionales.
La tecnología también avanza rápidamente. Mientras los primeros cargadores rápidos operaban alrededor de 50 kilowatts, hoy existen equipos capaces de suministrar entre 150 y 300 kW, e incluso fabricantes como BYD ya desarrollan tecnologías que alcanzan hasta 1 MW de potencia.
Esto obliga a los operadores a pensar en infraestructura escalable y preparada para el futuro, evitando inversiones que puedan quedar obsoletas en pocos años.
Otro desafío es la coexistencia de distintos estándares de conectores. Actualmente, en México conviven tecnologías como CCS1, CCS2, GBT y NACS, este último impulsado principalmente por Tesla y cada vez más adoptado por fabricantes internacionales.
REGULACIÓN: UN ECOSISTEMA TODAVÍA EN CONSTRUCCIÓN
Aunque el potencial es enorme, la instalación de infraestructura de recarga también enfrenta desafíos regulatorios importantes.
La EMA explica que integrar cargadores eléctricos dentro de estaciones de servicio implica coordinar aspectos eléctricos, ambientales, urbanos y de seguridad industrial. Las normas de la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y de Protección al Medio Ambiente del Sector Hidrocarburos (ASEA) establecen, por ejemplo, distancias mínimas entre cargadores y dispensarios de gasolina para evitar riesgos asociados a atmósferas inflamables.
Además, los proyectos deben cumplir con regulaciones relacionadas con permisos de construcción, conexión eléctrica, impacto ambiental y actualización de protocolos de seguridad.
La EMA advierte que uno de los principales obstáculos actuales para desplegar infraestructura de carga está relacionado con los procesos ante la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la propia ASEA y los gobiernos locales.
A pesar de ello, el sector percibe avances regulatorios importantes. Las nuevas disposiciones en materia de electromovilidad buscan dar mayor claridad jurídica y técnica a los proyectos, aunque todavía existen áreas de oportunidad para simplificar trámites y reducir tiempos de implementación.
RENTABILIDAD MÁS ALLÁ DE LA ENERGÍA
La Electro Movilidad Asociación subraya que el modelo de negocio de la recarga eléctrica no debe analizarse únicamente desde la venta de electricidad.
El verdadero potencial económico radica en la capacidad de las estaciones para generar nuevas experiencias de consumo. Un usuario que permanece media hora en el sitio representa mayores oportunidades para incrementar ventas en cafeterías, restaurantes, tiendas y servicios complementarios.
Asimismo, existen incentivos fiscales que pueden mejorar significativamente la rentabilidad de los proyectos. Entre ellos destaca un crédito fiscal de hasta 30 por ciento en el ISR para infraestructura de recarga pública, así como esquemas de depreciación acelerada y financiamiento preferencial mediante programas del FIDE.
La recomendación para los operadores es comenzar con proyectos piloto que permitan validar la demanda y posteriormente escalar de forma progresiva.
EL FUTURO ENERGÉTICO DE LAS ESTACIONES
Más allá de instalar cargadores, se plantea una transformación integral del concepto de estación de servicio.
La integración de paneles solares, baterías de almacenamiento, sistemas inteligentes de gestión energética y plataformas digitales permitirá a las estaciones operar como nodos activos dentro del sistema eléctrico nacional.
En este nuevo ecosistema, la electricidad no será únicamente un insumo, sino parte de una red inteligente donde la gestión de datos, la interoperabilidad y la experiencia digital tendrán un papel central.
La conclusión de la EMA es clara: la transición energética no sustituirá el negocio tradicional de las estaciones de servicio, pero sí obligará a evolucionarlo. Quienes se adapten con mayor rapidez tendrán la posibilidad de posicionarse como actores estratégicos dentro de la movilidad del futuro.
La electromovilidad avanza y, con ella, también comienza a redefinirse el papel de las gasolineras en México. El desafío ya no es únicamente vender combustible, sino convertirse en puntos integrales de energía, conectividad y servicios para una nueva generación de usuarios.
