Cuando comienzo una conversación con un nuevo inversionista, lo primero que me llegan a decir es: “Es que no es mucho, no creo que se pueda hacer nada con ese dinero y no sé en qué invertirlo”. La respuesta que siempre les doy es que claro que en México se puede invertir prácticamente desde 10 pesos. ¿Por dónde empieza alguien que nunca ha invertido? La respuesta, casi siempre, es la misma: los fondos de inversión.
La respuesta es invertir en fondos de inversión, que no son más que vehículos de inversión regulados que agrupan el dinero de los inversionistas para invertir en una gama amplia de instrumentos financieros, y que son administrados por una operadora con profesionales y expertos en la materia.
Los fondos de inversión se dividen en Fondos de Inversión de Instrumentos de Deuda y Fondos de Inversión de Instrumentos de Renta Variable. Los primeros invierten en valores de deuda gubernamental, bancaria o privada, y los segundos invierten en títulos de capital, y cada fondo tendrá su objetivo, diversificación y, por supuesto, su riesgo. Lo importante es que todos los fondos de inversión que existen en México son manejados por expertos y regulados por las autoridades financieras mexicanas.
En México, al cierre de abril, los fondos de inversión sumaban 17.3 millones de clientes distribuidos en 638 fondos, manejados por 29 Operadoras de Fondos de Inversión, de acuerdo con la Asociación Mexicana de Intermediarios Bursátiles. De ese total de fondos, 253 corresponden a fondos de deuda y 385 a fondos de renta variable que, por cierto, son la mejor opción para tener un potencial de mayor rendimiento a largo plazo.
Si analizamos el número de clientes, los fondos de deuda concentran la gran mayoría: casi 95 por ciento del total, frente a 5 por ciento en fondos de renta variable. En cuanto a los activos administrados, 73.96 por ciento se encuentra en fondos de deuda y el resto en fondos de renta variable. Estos números reflejan el perfil conservador del inversionista mexicano, algo que confirmo cada semana en mi trabajo. La gran mayoría prefiere la certeza de un rendimiento menor al riesgo de una caída temporal, aunque eso signifique perder oportunidades de crecimiento a largo plazo.
Pero cómo saber, dentro de los 638 fondos de inversión, ¿cuál es la mejor opción para cada inversionista? Mi recomendación es hacerte tres preguntas antes de abrir una cuenta de inversión y antes de sentarte con un asesor:
1) ¿Cuánto tiempo puedo dejar ese dinero sin tocarlo? Es el horizonte de inversión y punto medular para hacer un portafolio. Para cuándo requiero mi dinero y para qué.
2) ¿Qué tan cómodo estoy viendo caídas temporales en mi saldo? La tolerancia al riesgo parece un concepto técnico, pero en realidad es profundamente emocional: ¿qué tanto estoy dispuesto a tolerar momentos de incertidumbre sin tomar decisiones apresuradas?
3) ¿La institución que lo ofrece está regulada por la CNBV? En el mes de marzo, subrayé que es importantísimo ver en dónde pongo mi dinero y quien me va a asesorar. ¿La institución está regulada? ¿Realmente existe? ¿El asesor está registrado ante la AMIB?
El esquema Ponzi es un modo de fraude con lo que me he topado mucho en los últimos años y, lamentablemente, hay gente que cae en este tipo de estafas, este esquema te promete rendimientos altos (va desde el 1 hasta el 3 por ciento mensual). Los primeros meses pagan los rendimientos con dinero de nuevos inversores, son rendimientos que no vienen de generar ganancias de algún tipo, por lo que después dejan de pagar y desaparecen. ¡CUIDADO!
Una vez teniendo respuesta a estas tres preguntas, como he venido diciendo en los pasados artículos, lo importante es acercarse con los expertos. El fraude no siempre es tan evidente. ¡En los últimos años han surgido Club De Inversión, influencers financieros, en los cuales invitan al inversionista a pagar una cuota anual con la promesa de que aprenderás a invertir y ganar dinero, y hacerse millonarios con trading! Cuidado, también. Es importante saber quiénes son, conocer sus perfiles y experiencia en el segmento.
Acercarse a un asesor financiero es el camino más seguro para navegar entre las opciones disponibles, evitar riesgos innecesarios y construir una estrategia que, articulada con el ahorro del hogar y la protección del patrimonio, permita avanzar hacia una independencia financiera real. El siguiente paso, del que hablaremos próximamente, es quizás el más postergado de todos: el retiro
